¿A quién buscas?

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Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

-Juan 20:11

El hecho de que estés triste o pasando por un mal momento no puede quitarte la visión o paralizarte. María Magdalena venía de una familia noble pero necesitada. Ella miró dentro del sepulcro donde habían puesto a Jesús y vió dos ángeles. A pesar de que pudo ver cuando se llevaron a Jesús, el seguía siendo su Señor. 

Mientras los discípulos lloraban en una habitación, las mujeres hacían especias para ungir el cuerpo de Jesús. Ella iba al sepulcro con las especias que habían preparado para honrarlo. Estaba triste porque no encontró a Jesús allí. 

La muerte no es una etapa final. Fuimos creados para la eternidad. El que cree en Jesus aunque esté muerto vivirá. Jesús iba a ser la primicia de los que resucitan. Nos toca tener fe para la vida abundante. Somos sal y luz en la tierra. Somos personas que la gente va a mirar e imitar nuestra fe. El que busca al Señor tiene paz, serenidad y fruto del espíritu.

María preguntó por su Señor. Ella vio a Jesús pero no sabía que era él. A veces pasamos por crisis y no vemos que el Señor está con nosotros. No nos damos cuenta que él prometió que estaría con nosotros hasta el fin. A veces no nos damos cuenta pero Dios está ahí con nosotros. 

Pero Jesús habló y le preguntó porque estaba llorando. Le preguntó que a quien buscaba. A veces buscamos al Señor en lo amuletos, en el muñeco de barro pero él no está ahí. María pensó que quien le hablaba era el hortelano. Cuando Jesús vio su sinceridad se reveló a ella. Al ella decirle su intención y abrir su corazón el se mostró a ella. 

Muchos van por rutina al templo, para cumplir. Debemos asistir para llevarnos algo, su presencia. El se revela a aquellos que le buscan. El lo dijo que sin él nada podemos hacer. El Señor se va a revelar a aquellos que se lo quieren “llevar”. El está a la puerta y llama, y alguno abre, el cenará con él. El que abre la puerta a Jesús se lleva un banquete espiritual. El es real. El no es un Dios histórico. El creó todo lo qué hay. El es el Todopoderoso Dios. 

El nos conoce a todos por nombre y la llamó por su nombre. Ella se volvió cuando escuchó su nombre de sus labios y le dijo: “maestro”. Ella quería abrazarlo pero el le dijo que no la tocara porque aun no había subido al Padre. Le dijo que fuera a sus hermanos y les dijera que subía al Padre. Le faltaba subir al Padre para recibir un cuerpo glorificado. El le dio una asignación. Ella fue a dar las nuevas que había visto al Señor.

En Marcos 16:9 dice que Jesus apareció primero a María Magdalena. Se apareció primero a ella porque ella lo estaba buscando. El que lo busca, lo encuentra. Ella en obediencia hizo saber a los discípulos que lo había visto pero ellos no le creyeron. Quizás ellos no le creyeron porque era mujer o porque había sido endemoniada. No sabemos. Ella dijo que lo había visto y hablado con él. Jesús luego se apareció a dos que estaban en el camino y ni aún a estos dos le creyeron. Había incredulidad en ellos. Por la incredulidad Dios no hace más cosas. Ella fue enviada a decirle a ellos que estaba vivo. Jesus se apareció entonces a todos ellos y les reprochó su incredulidad y Dureza de corazón, porque no habían creído. No podemos dejar que el corazón se endurezca. Hay que creer lo que él ha dicho. 

La gente se molesta cuando hablamos de Cristo por la incredulidad y dureza de su corazón. En la palabra dice que el que creyere será salvo y el que no creyere será condenado. Debemos sabernos bienaventurados porque hemos creído. Son muchos los llamados y pocos los escogidos. El creer nos ha hecho salvos y nos ha dado vida abundante.

Jesús entonces le dio la siguiente orden: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio” a toda criatura. El hace una salvedad. El que creyere y fuera bautizado será salvo. Nuestra oración es que todos crean. María lo creyó y quería abrazarlo cuando lo vio. Ella quería a Jesús. Nos conformamos con Jesús, no queremos menos. El es real. El vive y por cuanto él vive, nosotros vivimos. No toca creer y predicar. María lo creyó y por eso fue y le dijo a sus hermanos. Muchos hoy no predican, porque no creen. Si creyeran serían testigos de él. Los testigos tienen que haber visto. Para el que cree todo es posible. 

Luego Jesús dijo que las señales seguirán a los que creen. En su nombre echaríamos fuera demonios, tomaríamos en las manos serpientes y sobre los enfermos pondríamos las manos y estos sanarían. 

Vivimos tiempos donde el corazón de la gente se ha endurecido pero aún así Jesús sigue siendo el Camino, la Verdad y la Vida y nadie puede ir al Padre si no es a través de él.

-Apóstol Wanda Rolón

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