La Ley de Siembra y Cosecha

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No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Gálatas 6:7

 

Queridos hermanos:

 

Cuando hablamos de siembra y cosecha casi siempre pensamos en lo económico solamente. El escritor dice que todo lo que sembramos eso también segaremos. Esto habla de un estilo de vida. Tengas conocimiento o no hay una ley relacionada a la siembra y cosecha. Es una ley universal, establecida por Dios y tiene aplicación en todas las áreas, tanto en lo espiritual como en lo material (2 Corintios 9:6).

 

Poner esta ley en práctica hace que tengas una vida en bendición. Nosotros somos sembradores. Jesús dió la parábola del sembrador. Nosotros tenemos una semilla, se llama la semilla del evangelio. Los que no son creyentes reparten semillas de muerte. Los que tenemos a Cristo tenemos una fuente de vida y tenemos la respuesta que el mundo necesita. Tenemos que hablar para sembrar la semilla. Lo que hablamos es espíritu y es vida. Si nos callamos la semilla no va a germinar.

 

Jesús enseñó junto al mar y les enseñaba por parábolas (Marcos 4:1-2). El les habló de la parábola del sembrador. Él estaba hablando de sí mismo. No todos los que recibieron la enseñanza de Jesús dieron fruto. Hay semilla que cae junto al camino y las aves de rapiña son aquellos que vienen a robarte la palabra que has recibido. ¡Estos vienen a desanimarte y descarrilarte!

 

Hay semilla que cae entre pedregales. ¡Son aquellos que no tienen profundidad! Servirle a Dios es compromiso, negarse a si mismo, es más que emoción. Tenemos que cuidar a la gente, ayudarles a atravesar los procesos hasta que profundicen. 

 

Hay semilla que crece entre espinos y se ahoga. En otras palabras, los afanes los ahogan. El que deja de venir a la iglesia se enfría por mas creyente que sea. La pandemia hizo que mucha gente se desconectara. Caen en frialdad y no sienten la necesidad de Dios y se vuelven tibios. 

 

Otra parte cayó en buena tierra. Por ese remanente fue que Jesús siguió sembrando. ¡Ese remanente va dar fruto! Va a crecer y a producir. Cuando los discípulos estuvieron solos preguntaron por el significado de la parábola. Hay quienes no entienden lo mínimo y tampoco entienden las cosas profundas. Tiene que hablar palabra en tu corazón para que hables la palabra.

 

Hay quienes vienen a quitar la palabra sembrada en tu corazón. El diablo viene vestido de gente. Hay gente de corta duración. En estos días estamos viendo el amor al dinero, a las riquezas ilícitas. El problema no es el dinero, es el amor al dinero. Los que han sido sembrados en la palabra, son los que la oyen, la reciben y dan fruto. Hay que dar fruto, hay que ganar almas. ¡Hay que sembrar la semilla!

 

Las leyes de siembra y cosecha no son racistas ni hacen acepción de personas. Hay gente que sabe lo que es la ley de siembra y cosecha aunque no son salvos. Hay creyentes que no diezman. Hay leyes que tienen que operar en nosotros. Las intenciones no bastan. El que siembra escasamente, escasamente va a cosechar. No se trata de la cantidad sino del corazón. La ofrenda de la viuda fue grande porque fue todo. La dio del corazón, echó todo su sustento. Hoy en el 2022 hablamos de la viuda porque honró a Dios. Era viuda y era pobre pero sabía sembrar.

 

¡No critiques mi cosecha si no conoces mi siembra! Lo que puedes ver es que Dios es fiel, porque eso es ley. Cuando practicamos los principios del reino se manifiesta una gloria sobrenatural. El que no siembra, critica. Usted tranquilo, gócese cuando lo critiquen. No permitas que el diablo te robe la bendición que te viene por la Palabra. Tomemos la Palabra con la seriedad que merece. Todo lo que siembres, lo vas a cosechar. Dios quiere que participes de la cosecha que viene. 

 

El tiempo avanza, Cristo viene. Usted nunca va a sembrar algo que no vaya a cosechar. Todo el que te hizo mal déjalo en las manos del Señor. Dios tiene apuntado todo. David tenía un hijo llamado Absalón, mientras David estaba en el trono el estaba a las puertas de la ciudad hablando mal de su padre, de que el no tenía tiempo para ellos. Un día Dios se acordó de lo que hizo Absalón y un día corriendo en su caballo, su cabello se enredó en los árboles y se esnucó. ¡Dios se encarga! Es la ley de la siembra y la cosecha.

 

Hay multitudes que esperan por nosotros. ¡Seamos diferentes!

 

Con amor,

Apóstol Wanda Rolón

 

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